Raoul Vaneigem ha muerto. Que viva la vida !!!
30 juliol, 2026
El 28 de julio de 2026, en Barcelona, Raoul Vaneigem dejó de respirar a los noventa y dos años. No se fue: se disolvió en el río de la existencia que tanto amó y defendió.
Nacido el 21 de marzo de 1934 en Lessines, Bélgica, este poeta de la revuelta encarnó como pocos la insurrección de lo cotidiano contra el reino de la supervivencia.
Junto a Guy Debord, fue uno de los dos grandes pulmones de la Internacional Situacionista. Mientras uno diseccionaba el espectáculo con bisturí implacable, Vaneigem inyectaba deseo, fuego y caricias en las venas de la teoría.
Sus palabras no eran consignas: eran besos armados, gritos de placer que se pintaron en las paredes de París en Mayo del 68. “¡Vive sin trabas!”, “¡El placer es la única medida”, resonaban como tambores de una fiesta que el poder nunca pudo apagar del todo.
Vaneigem no teorizaba la revolución: la hacía deseable.
En su Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones no ofrecía un programa, sino una invitación al saqueo alegre de la existencia. Contra la economía que nos convierte en mercancía, contra la moral que castra el deseo, contra el tiempo robado y las pasiones domesticadas, él proclamó la soberanía radical del goce. La pereza creadora, el amor sin límites, la poesía vivida, la autogestión de los placeres: todo eso era, para él, la verdadera subversión.
Anarquista de corazón pagano, medievalista hereje, lector enamorado de los libres espíritus y de Rabelais, Vaneigem nunca dejó de recordar que la mayor herejía es afirmar que la vida puede ser vivida plenamente aquí y ahora.
Rechazó los partidos, las iglesias, las ideologías de sacrificio. Denunció la muerte que nos gobierna y nos llamó a deshacernos de ella con un gesto de amor insurreccional.
No era un pensador de academia ni un militante de cartilla.
Era un seductor de la revuelta, un hedonista armado, un poeta que convirtió su existencia en una larga y hermosa negativa a la resignación.
Hoy que su cuerpo descansa, sus palabras siguen incendiando.
No lo lloramos: lo celebramos. Porque mientras haya alguien que prefiera el placer al poder, el juego a la rutina, la pasión a la obediencia, Vaneigem seguirá vivo, susurrando al oído de los insumisos:
“La vida que deseamos sin fin ya está aquí, esperando que nos atrevamos a tomarla.”
Que su muerte sea, pues, una nueva invitación a la fiesta.
A la verdadera. A la que nunca termina.
¡Vaneigem no ha muerto: ha pasado a engrosar las filas de los que nos incitan a vivir!
El Lokal
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