El colonizado está siempre alerta, descifrando difícilmente los múltiples signos del mundo colonial; nunca sabe si ha pasado o no del límite. Frente al mundo determinado por el colonialista, el colonizado siempre se presume culpable. La culpabilidad del colonizado no es una culpabilidad asumida, es más bien una especie de maldición, una espada de Damocles. Pero, en lo más profundo de sí mismo, el colonizado no reconoce ninguna instancia. Está dominado, pero no domesticado. Está inferiorizado, pero no convencido de su inferioridad. Espera pacientemente que el colono descuide su vigilancia para echársele encima.
"Los pueblos, naciones, tribus y barrios originarios que conformamos el Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno, lamentamos profundamente el fallecimiento del hermano y compañero Oscar Chávez, cantante y compositor con ojos, oídos y una mano para los pueblos que luchan, que resisten y con los sueños que hizo suyos."