Durante 29 ½ años el estado norteamericano ––sus policías, sus fiscales, sus cortes, sus medios de comunicación–– han buscado el silencio final del periodista africano-americano revolucionario Mumia Abu-Jamal. Ahora tienen unos cómplices auto-denominado “abolicionistas” que hacen su tarea. Uno de ellos está de visita en México aparentemente para limpiar su sucia imagen, colándose al movimiento por la Paz y Justicia con Dignidad impulsado por el estimado poeta Javier Sicilia y asumido por el EZLN y miles de mexicanos. Se llama Renny Cushing. Y surgen varias preguntas. Primero que nada, ¿cómo es posible que una persona sin dignidad ofrezca algo a este movimiento?
A un año de la masacre de Tlatlaya, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) presenta ante la opinión pública este recuento sobre los grandes pendientes en materia de justicia, verdad y reparaciones respecto del caso Tlatlaya, emblemático del incremento en las violaciones a derechos humanos que ha causado el papel de las Fuerzas Armadas en la política de seguridad del Estado mexicano.
