Es probable que esa cultura de lo colectivo explique el genocidio que sufren los favelados, en su inmensa mayoría negros. Una cultura tejida de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas, tan irreductible como el espacio donde se ha refugiado, representa una amenaza latente para las clases dominantes. En más de un siglo, ningún gobierno pudo con las favelas que siguen creciendo pese a las violencias del Estado y los traficantes.
6 personas privadas de su libertad, integrantes del pueblo maya tsotsil, reiniciaron una huelga de hambre en denuncia por violaciones a sus derechos humanos. Una historia que evidencia la discriminación en el sistema de justicia en México.